El artículo parte de la convocatoria de huelga general del 17 de marzo en Hego Euskal Herria por un salario mínimo propio para la CAV y Navarra. La reivindicación se sitúa en un contexto de carestía estructural, salarios devaluados y beneficios empresariales elevados, y plantea el conflicto como una disputa sobre cómo se reparte la riqueza.

El texto cuestiona tanto el bloqueo patronal como la incapacidad de las instituciones para abrir una discusión real sobre el salario mínimo. También critica a quienes, desde posiciones progresistas o sindicales, aceptan como inevitables los límites impuestos por la patronal.

La reflexión va más allá de la cifra concreta del salario mínimo. Defiende que una huelga general debe construirse con participación real de la clase trabajadora, espacios de decisión y apropiación colectiva de la convocatoria. La fuerza de la huelga no reside únicamente en quién la convoca, sino en la capacidad de convertir malestares dispersos en conflicto colectivo.

El artículo concluye situando la huelga dentro de una disputa más amplia entre capital y vida. Mejorar salarios y condiciones materiales es imprescindible, pero el horizonte anticapitalista exige discutir quién decide qué se produce, cómo se produce y con qué finalidad.

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